Pobre de ti que tengas celulitis, perra

Víctor F. Clares | @victorclares

Ésta es la historia de cómo la otra noche casi vomito la cena. Estaba viendo el estreno de la nueva temporada de APM (Alguna pregunta més?), programa de Televisió de Catalunya que hace un particular repaso de los mejores y peores momentos de los medios de comunicación. Un programa premiado con un Ondas, inteligente, crítico, divertidísimo, y que ha traspasado las fronteras de Catalunya. En fin, al grano. Estaba viendo APM y, como no podía ser de otra forma, riendo bastante. Hasta que llegó el momento de ver qué se escondía tras el número dos del ránking que hacen cada semana. Y lo presentaban así: “I en el número dos, no es pot faltar més al respecte”. Y cuando acabé de verlo, pensé: y que lo digan.

Aparece en pantalla un estilista –o pseudoestilista– llamado Erik Putzbach. Un señor que se ha dejado caer de vez en cuando por programas del corazón, y demás, y al que presentan como un experto en moda. El fragmento en cuestión que destaca el programa APM en este ránking pertenece al programa Isabel entre amics, de 25TV. Y consiste en lo siguiente: este tal Erik Putzbach destripando, sin vergüenza alguna, a celebrities como Eva Longoria o Jennifer Love Hewitt. No será para tanto, pensaréis. Bien, pues éstas son las lindezas que les dedica. De Cara Delevigne, dice: “Esa barriga, por favor”, “Esas mini-tetitas que tiene”. De Eva Longoria, “además de ser enana, tiene un culo enorme y lleno de celulitis”. De Jennifer Love Hewitt: “el pedazo de culo que tiene esta actriz”. De Britney Spears: “Se volvió una foca”. Esto lo dice de algunas de las mujeres consideradas más bellas del planeta. Para acabar y rematar la jugada, decide hacer un chiste: “Y hablando de perras bañándose, aquí tenemos a la mía”, dice enseñando a su mascota.

Enana, foca, plana, y perra. Ésas son las palabras que decide usar un estilista, experto en moda y tendencias, para hablar de estas cuatro mujeres. Un señor que se presenta como amante del lujo, de la elegancia y del savoir faire. ¡JA! Me río yo de su elegancia, estilo, y saber hacer. Yo eructando en medio de una cena de gala soy más elegante que él. Pero en fin, no voy a hacer ningún chiste sobre él, ni voy a usar ningún descalificativo. Sobran. Vayamos a lo serio. Lo que se extrae de aquí es que hay una televisión que está dispuesta a pagar a un señor cuyo cometido es vejar y ridiculizar, sin reparos, ni disimulos, a las mujeres. Esta televisión, o este programa, en concreto, apuestan por la violencia gratuita de un tipo soez, sin escrúpulos y vulgar. Un señor que, visto lo visto, no sólo es un machista, sino que es un misógino. Un señor de lo más superficial, sin gracia alguna, y vomitando mierda porque sí. Eso es. La mierda como valor al alza. Porque contra las mujeres se vale todo. Porque una mujer con celulitis merece un castigo, porque una mujer sin maquillar merece un insulto, porque una mujer con barriga merece ser humillada públicamente. La violencia contra las mujeres en televisión es gratuita. Ejercerla y consumirla. Viva la televisión.

En fin. Éste es sólo un ejemplo más de cómo hasta el más cateto puede practicar la violencia contra las mujeres en los medios de comunicación. Es un ejemplo flagrante, que cae por su propio peso. Explícito, claro, sin calzador, sin condón. A lo bruto. Pero es sólo un caso. Hay más, y a diario. Pasan más inadvertidos: cuando se habla de los tacones de la reina y no de su discurso; cuando se compara a una dirigente política con un simio, un cerdo, o un caballo; cuando se nombra a una mujer por su nombre propio y no por su nombre y apellidos. Y enumerando casos podríamos estar unos cuantos días.

Pero acabemos con buen sabor de boca: estamos hartos. Estamos hasta los cojones y hasta los ovarios de este machismo cotidiano e invisible. Lo estamos como consumidores de medios de comunicación, pero también lo estamos como ciudadanos, y en mi caso particular, como periodista. Me avergüenzo la profesión cuando leo según qué cosas. Otras veces, en cambio, me alegro de pertenecer a ella. Llegué a esta conclusión después de darle vueltas a este vídeo de APM del que hoy os hablo. Porque si una cosa tiene APM es que, desde el humor, desde la coña, consigue retratar y ridiculizar las vergüenzas de nuestra televisión, y de nuestra sociedad. Y sí, este señor estilista se retrata por sí mismo, pero me alegré de que un programa de una televisión pública, de manera sagaz e inteligente, le pusiera los puntos sobre las íes. Porque hay prácticas que ya no hacen gracia. Ninguna. Y los periodistas somos a veces responsables de ellas, y otras tenemos la maravillosa oportunidad de cambiarlas.

Por cierto, este Putzbach ha entendido el hecho de aparecer en el ránking de APM como un orgullo, y así lo comparte en su Instagram. Parece que ni ha entendido nada, ni probablemente lo vaya a entender.

A Twitter: @victorclares

 

 

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