El país del eufemismo

eufemismo. (Del lat. euphemismus, y este del gr. εὐφημισμός). 1. m. Manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante.

Víctor F. Clares @victorclares

En este país nunca se ha llamado a las cosas por su nombre. A los negros les hemos llamado personas de color, a las sirvientas las hemos llamado empleadas del hogar –sí, empleadas, porque todas aquellas que se han dejado el lomo por las casas se han empleado en algo, claro… eso sí, sin cotizar una sola hora de su vida profesional–, a los pobres les hemos llamado personas necesitadas, al cáncer larga enfermedad, y a los países subdesarrollados, o de pobreza extrema, les hemos colgado la etiqueta común de países del tercer mundo.

Pero, aunque es cierto que los eufemismos puedan parecernos una muestra de educación, de elegancia, o de tacto, yo creo que los eufemismos sólo sirven para maquillar una realidad. Para ponerla guapa. Para mostrarla y verla con mejores ojos. Para no hablar de ella. Sirven para esconder un prejuicio, para tapar un problema, para restarle importancia, o directamente para invisibilizarlo.

Algunos de estos eufemismos se han ido desechando a medida que ha ido avanzando la construcción de los derechos colectivos, el espíritu crítico del pueblo o el aumento en el uso de las expresiones claras, a veces duras, pero precisas, por algunos líderes de opinión. En definitiva, la gente cada vez tiene menos reparos en hablar claro, con respeto, pero claro.

Otros, en cambio, no están por la labor. No lo han estado nunca, pero ahora todavía menos. Son los grandes cuentistas de nuestro país. Dominan la metáfora, los juegos de palabras y los paralelismos como nadie. Deforman y manipulan el lenguaje a su antojo, de manera perversa, y con la voluntad de confundir y desorientar. Son los autores de los eufemismos más insultantes que puede haber: los eufemismos políticos.

Para ellos, la crisis es una “desaceleración económica” (Zapatero), e incluso un –agárrate los machos– “crecimiento negativo” (Luis de Guindos). Hay más. El rescate es una “línea de crédito” y un “apoyo financiero”. Los desahucios son “procedimientos de ejecución hipotecaria”. Los recortes son “reformas estructurales necesarias”. La fuga de cerebros es “movilidad exterior”. Aún queda. Para ellos, abaratar el despido es “flexibilizar el mercado laboral”. Ah, y la nacionalización de Bankia es un “participado” o “provisionado”.

Se atreven también con los nombres de las leyes. La “Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana” es, en realidad, la ley que pretende desincentivar las protestas con multas administrativas, la que pretende desinflar los movimientos sociales. En definitiva, y en el fondo de la cuestión, la “Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana” es la ley que protege a los políticos, su zona de confort, sus priviliegios. Es la ley que busca silenciar, amordazar, y acobardar a los cabreados, a los que molestan, a los que se expresan y a los que luchan por la justicia social.

Y, por si fuéramos pocos, parió la abuela, y nunca mejor dicho. El anteproyecto de la “Ley de Protección de la vida del Concebido y los Derechos de la embarazada”, convierte el aborto libre –teniendo en cuenta los plazos establecidos hasta la fecha– en ilegal, y pone a España a la cola de Europa. Sólo será legal en dos supuestos: violación o grave riesgo para la salud física o psíquica de la mujer. En resumen, convierte a la mujer en una simple figurante, la mantiene al margen de decidir sobre su cuerpo y su situación, y echa por tierra la lucha de décadas en el asunto. Bah.

Lo que quiero decir es que, en todo esto, lo más peligroso son las palabras, nunca inofensivas. Los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad en el asunto, y deben contextualizar las informaciones, e incluso, como apunta Elena Gómez, de la Universidad Europea de Madrid, “deben replicar los eufemismos que lanzan los políticos”. Pero nosotros también debemos hacerlo. En el día a día. Sólo llamando a las cosas por su nombre podemos entenderlas, digerirlas y combatirlas. Y sólo así sabremos que lo que hacen ya no es distraernos o aturdirnos, sino insultarnos. Podrán contarnos historias,  cuentos, milongas, fábulas y todo lo que quieran. Y nosotros sabremos que lo que hacen es mearse en nuestra cara.

En Twitter: @victorclares

(Imagen: Juanjo Sáez)

pasado juanjo saez

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One thought on “El país del eufemismo

  1. Y a los que rehusan entender la realidad llamamos conservadores. No son conservadores. Son idiotas reaccionarios. Rush Limbaugh es el ejemplo obvio. Y naturalmente el movimiento Tea Party.

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