La cultura de los favorecidos

“Quien controla los medios controla la cultura.” –Allen Ginsberg.

Víctor F. Clares | @victorclares

Siempre he dicho que mi pareja ideal será aquella capaz de escuchar desde Los Chichos a Radiohead, y de emborracharse un lunes, o ponerse a leer un sábado por la noche. Pues bien, de la misma pasta creo que tendrían que estar hechos los gestores, agitadores, programadores y periodistas y comunicadores culturales. No entiendo el ejercicio de toda esa gente de otra forma que no sea absolutamente libre de cualquier tipo de prejuicio. Para mí, la divulgación o la comunicación de la cultura no debería tener nada que ver con las modas, las tendencias, o los amiguismos. Tampoco debería dejarse emborrachar por lo que la misma industria de la cultura dice que es cultura. Y todavía menos debería jugar al compadreo con esa industria, más bien todo lo contrario.

banksy pared

Hace semanas que se habla de la frivolización que se hace de la cultura en TV3. El debate lo inició Joan M. Minguet Batllori, presidente de la Associació Catalana de Crítics d’Art. Los artículos, interesantísimos y de lectura absolutamente recomendable (el último, aquí), critican sobre todo la banalización de la cultura en algunos programas. Es cierto que el crítico apunta bien y señala al poder político como responsable, pero siendo claros, los verdaderos guantazos se los ha llevado la periodista Bibiana Ballbè. Después de darle vueltas durante semanas, me parece todo un tanto injusto. Y me explico. Me parece injusto para ella, porque considero que lo que hace, con los fuegos artificiales que queráis, lo hace bien: es un modelo de formato, que puede gustar más o menos. Pero me parece injusto también para otros compañeros de la televisión pública. En el mismo reportaje del cual Batllori extrajo las palabras de Ballbè aparecía Júlia Bertran, reportera del programa Ànima: un espacio cultural de una calidad altísima y con varias temporadas a sus espaldas. Por poner otro ejemplo, esa misma semana Sputnik emitía un reportaje magistral sobre Toti Soler–una delicia, de las de verdad–. Es decir, creo que hay que ser justos, y no hablar siempre de los mismos, porque debería haber sitio para todos. Y ahí quería yo llegar.

En mi opinión, lo más preocupante de todo esto no es la forma en la que se presentan los contenidos culturales, sino qué contenidos culturales se presentan. Me parecen tan válidos los recursos que utiliza el programa de Bibiana Ballbè y su equipo, como los que pueda utilizar Sputnik, el Babelia de El País o cualquier blog literario de Internet. Todo eso es un envoltorio. Para mí, lo verdaderamente importante no es el cómo, sino el qué. ¿Qué o quién es cultura? Y lo más interesante, ¿por qué? En la gran mayoría de los medios de comunicación los protagonistas de los espacios de cultura acostumbran a ser siempre unos pocos –¿cuántas veces habéis puesto TV3 y habéis visto a Joan Pera, Joel Joan o Núria Feliu?–. Y los admiro a los tres, que conste. Por poner otro ejemplo: creo que nunca he escuchado a nadie cantar en catalán, ni en gallego, en el programa de María Teresa Campos, en Telecinco. Todo esto por no hablar de los programas de radiofórmula: espacios líderes de audiencia que determinan qué es tendencia, y qué no, a cambio de grandes sumas de dinero de grandes monstruos de la industria de la música. En los medios siempre se suele hace caso a los mismos. Y esos mismos suelen ser personas ya de por sí favorecidas e instaladas en un discurso amable, repetitivo, que no plantea preguntas, que no causa problemas; y normalmente respaldadas por una industria potente, que a veces es incluso el mismo medio de comunicación. Y a eso yo le llamo conservadurismo, lo haga el diario, la televisión, la revista o el portal digital que sea. Y el conservadurismo sólo lleva a una cosa: a la mediocridad cultural.

Quiero ver en los medios de comunicación propuestas culturales arriesgadas, novedosas e incluso radicales, por qué no. Quiero conocer a autores críticos y a artistas contestatarios. Quiero encontrar contenidos culturales para saborear lentamente y quiero que algo me sorprenda y sacuda de vez en cuando. Quiero ver, oír y leer a artistas de todas las disciplinas, identidades, ideologías, colores y estratos sociales. Quiero conocer nuevos talentos y quiero aprender de gente que lleva toda la vida al pie del cañón. Quiero aprender con la cultura y quiero pasármelo bien haciéndolo. Quiero saber qué tiene éxito, pero quiero que se visibilicen las propuestas minoritarias e independientes. Quiero que me descubran las iniciativas culturales más complejas y que me las presenten de manera apasionada. Quiero ver caras nuevas y recordar caras antiguas. Quiero ver aquellas caras y escuchar aquellas voces que molestan porque tienen un discurso elaborado que hace tambalear el sistema. Todo esto que quiero, sin embargo, es imposible. Nada de esto pasará hasta que los medios de comunicación no prioricen los objetivos periodísticos ante los objetivos empresariales. Hasta entonces, se continuará mercadeando con la información según los intereses políticos y económicos de cada uno. En todo esto, la cultura es una de las grandes perjudicadas también en los medios, con recortes de infarto. Esperad, ¿quedan páginas de cultura en los diarios?

Creo que todos los que nos dedicamos a esto de la gestión, la agitación o el periodismo cultural, como es mi caso, tenemos que adquirir un compromiso. Me parece que debemos ser críticos con lo que no nos gusta, pero también tenemos que coger la sartén por el mango. Afortunadamente, en los medios tradicionales todavía hay compañeros que lo hacen. Les quedan fuerzas y vocación para seguir proponiendo temas , y alguno de vez en cuando ve la luz –sí, señores, hay que luchar hasta por querer ejercer la profesión–. Pero esta lucha, para los que hemos nacido, crecido, y nos hemos profesionalizado en Internet (y al margen del mercado de trabajo) no es tan árdua, de verdad. Un buen amigo dice que lo mejor de Internet es que no hay que esperar tu turno para hablar. Y es cierto. Y también es cierto que Internet, y los blogs, no tienen por qué ser amateurs, ni de menos calidad que una página de una revista. Aprovechémoslo. Es el momento de romper con esa absurda costumbre que tenemos en Catalunya y en España, que es la de ensalzar y dar visibilidad sólo a unos pocos: ‘Miquel Barceló, el millor pintor…’ bla, bla, bla. Y también es el momento para hacer de Internet el mejor aliado para darnos visibilidad los unos a los otros. La cultura es algo para compartir, y en ningún caso para competir.

En Twitter: @victorclares

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2 thoughts on “La cultura de los favorecidos

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